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OCEANÍA

Oceanía es un continente insular, se compone de la plataforma continental que agrupa a Nueva Zelanda, Australia, las islas de Nueva Guinea, Polinesia, los archipiélagos coralinos y volcánicos de Melanesia y Micronesia. Este continente tiene una extensión de 9 008 458 km cuadrados y es considerado como el continente más pequeño del planeta.

Este continente, debe su nombre a que se encuentra conformado en su mayoría por el Océano Pacífico y los diversos mares que la rodean.

Cubre una región macro geográfica que se ubica entre América y Asia. Australia es el país con mayor masa continental. Oceanía alberga también 25 000 pequeñas islas que se dispersan por el pacífico.

El territorio de Oceanía comprende desde el sureste de Asia por el Océano Pacífico hacia el continente americano. Tiene un clima influenciado básicamente por dos factores: el primero por las corrientes oceánicas, en donde resalta la corriente del niño, que produce sequías de forma periódica y el segundo factor es el sistema estacional tropical de baja presión, que provoca ciclones en el norte de Australia mayoritariamente.

Nueva Zelanda y Australia, son los dos países con mayor presencia económica en Oceanía.

La lengua más utilizada en Oceanía es el inglés, en segundo lugar se encuentra el francés y una minoría como en la Isla de Pascua, perteneciente a Chile, se habla el español. Otros idiomas que se hablan en Oceanía, es la lengua criolla conocida como el Chamorro.

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    NUEVA ZELANDA

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    Un país con montañas cubiertas de nieve en sus cimas, doradas playas, lagos brillantes y selvas antiquísimas.

    Gracias a la poca densidad de población, siempre es posible encontrar un lugar tranquilo donde estar a solas con la naturaleza. Una de las actividades más populares en vacaciones es ir de campamento y dormir en carpas o cabañas en el bosque, o cerca de una playa o un río. Lejos del ruido y el bullicio de la ciudad se pueden disfrutar actividades al aire libre como la pesca, las caminatas y la natación. La mayor parte de los paisajes más cautivantes de Nueva Zelanda se encuentra en los Parques Nacionales, a los que el público tiene acceso gratuito.

    La cultura maorí, tanto tradicional como contemporánea, es una atracción turística importante. Los turistas pueden tener contacto con los antiguos artes del tallado, el tejido y el kapa haka (representación tradicional), o comprar objetos coleccionables de arte contemporáneo. Existen opciones turísticas innovadoras que permiten a los visitantes experimentar una inmersión total en la cultura maorí moderna.

    La región termal del centro de la Isla del Norte ha sido un destino turístico muy popular desde el siglo XIX. Los géisers activos, el barro burbujeante y las fuentes termales naturales de Rotorua se complementan en la actualidad con experiencias culturales y artísticas maoríes que son de las más sofisticadas del país.

    El museo nacional Te Papa, en Wellington, es distinto a cualquier otro museo del mundo. Lúdico, interactivo, audaz, incluye un marae (lugar de reunión maorí) en funcionamiento y experiencias de realidad virtual de última generación.

    La localidad de Queenstown en la Isla del Sur es la capital nacional de la aventura y el lugar donde nació el bungee jumping (salto con cuerda). El Pico Coronet es la fabulosa pista de esquí de Queenstown, pero tanto la Isla del Norte como la Isla del Sur ofrecen excelentes posibilidades para esquiar.

    El pequeño tamaño de Nueva Zelanda y su eficiente infraestructura hacen que sea fácil de explorar. Los turistas pueden descubrir en ella muchos tesoros escondidos, desde playas solitarias a concurridos cafés, desde la nieve perfecta al cortado más sabroso. Más allá del interés que cada uno tenga, los turistas se ponen de acuerdo en una cosa: querrían pasar más tiempo en Nueva Zelanda.

    Principales destinos

    Milford Sound, también conocido como Piopiotahi en Maorí, es un fiordo situado en el suroeste de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Milford Sound es el sitio más famoso de Nueva Zelanda para los turistas, además de ser llamado la «octava maravilla del mundo» por Rudyard Kipling, y está situada dentro del Parque Nacional de Fiordland, que está dentro del Te Wahipounamu, declarado Patrimonio de la Humanidad.

    Se extiende 15 kilómetros tierra adentro desde el mar de Tasmania y está rodeado de rocas escarpadas que alcanzan más de 1200 de altura en cada lado. Entre los picos se encuentra The Elephant (El Elefante) a 1517 msnm, el cual asemeja la cabeza de un elefante, y Lion Mountain (Montaña León) a 1302 msnm, con la forma de un león agachado.

    En Milford Sound llueve una media de 182 días al año. Estas lluvias son las responsables de que las laderas estén jalonadas por cientos de cascadas efímeras que alcanzar casi los mil metros. Tanta humedad permite la proliferación de una naturaleza boscosa exuberante que crece aparentemente al margen de los designios de la gravedad. Sin embargo, cuando las lluvias son torrenciales, tanta agua arrasa las zonas de agarre del suelo causando avalanchas de árboles ladera abajo hasta el fondo del cañón. Afortunadamente la naturaleza es generosa y extremadamente fértil en esta región y pronto crecerán nuevos árboles, que resultan fácilmente distinguibles a simple vista de los que son más viejos.

    Al ir a Milford Sound, es mejor mentalizarse de que posiblemente se visite bajo una cortina de agua. Es incómodo, pero permite ver el fiordo en todo su esplendor, con las cascadas precipitándose al vacío entre en una densa neblina que envuelve el paisaje en un halo de misterio. Por el contrario, si el día amanece raso, el agua se convierte en un espejo azul intenso donde se reflejan los picos con absoluta nitidez.

    El Parque Nacional Mount Aspiring está inmerso en Te Wahipou-namu, el “lugar de la piedra verde”.

    Además de la Antártida, el último gran territorio deshabitado del globo fue Nueva Zelanda. Tal vez haga sólo 1.200 años desde que el hombre llegó por primera vez a estas islas. Los navegantes maoríes encontraron un lugar muy diferente de los archipiélagos que habían colonizado en toda Polinesia. No eran pequeños paraísos tropicales sino grandes masas de tierra que podían ser muy frías en invierno. De hecho, Nueva Zelanda es uno de los países de clima templado con menor densidad demográfica.

    Emprender el viaje hacia el interior y cruzar los Alpes del Sur —el espinazo de la isla— es algo parecido a traspasar la entrada a otra dimensión. Westland y Southland —la zona occidental y meridional de esta isla— es una región remota y solitaria de montañas nevadas y bosques lluviosos, de glaciares, lagos y fiordos. Una gran parte es conocida con el nombre maorí de Te Wahipounamu —el “lugar de la piedra verde”—, una zona vasta y poco poblada que la Unesco ha declarado Patrimonio de la Humanidad.

    Es frecuente que el cielo esté encapotado y que las nubes bajas impidan distinguir las montañas de los alrededores. Aunque parezca extraño, es el momento de sobrevolar la región en helicóptero. A los pocos minutos se atraviesa la capa de nubes y aparece el luminoso espectáculo de los glaciares y los picachos nevados. Se pasa tan cerca del glaciar Franz Josef, que se ve perfectamente en el interior de las grietas. Luego se aterriza sobre el hielo y se descubre un lugar absolutamente distinto del que se ha dejado un momento antes casi al nivel del mar. En ningún otro lugar de clima templado es posible una experiencia semejante, ya que aquí los glaciares descienden hasta los 300 metros de altitud.

    La ciudad de Queenstown es la mejor base para recorrer la zona, y desde luego es el lugar con los mejores hoteles.

    AUSTRALIA

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    Australia es un país que en su zona continental está dividida en seis regiones, a las que hay que sumarle la región de Tasmania, de carácter insular.

    Tan sólo el mismo nombre de Australia causa, a quien no conoce este país, un torrente inmediato de potenciales evocaciones y expectativas.

    Los principales destinos turísticos en Australia son lugares costeros, lugares como la Costa Dorada o Gold Coast son los más destacados en el país de los canguros y los koalas. Otros destinos importantes son las grandes ciudades como Sydney, Melbourne, Brisbane o Perth, si bien otras como Albany, Canberra, Cairns, Coral Bay o Townsville tienen también su importancia dentro de los destinos predilectos de Australia.

    En el interior uno destaca sobre los demás, Alice Springs, aquí podrá disfrutar sin duda del típico sabor australiano de interior, una ciudad en mital de la nada, del desierto.

    Adelaida, Augusta, Port Lincoln, las islas como Tasmania o Cocos, son otros de los destinos predilectos de Australia.

    Principales destinos

    Uluru el gran monolito rojo, el “ombligo del mundo”, es uno de los monolitos más grandes del planeta, con 9 km de contorno.

    El monte Uluru es el icono más famoso de Australia. Este inselberg –pico abrupto aislado en una llanura de matorrales– de arenisca rojiza de 348 metros de altitud en el centro de Australia es una montaña sagrada para los aborígenes anangu y la mayor atracción del Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, donde también se encuentra otro monte sagrado: Kata Tjuta, o Las Olgas, con sus 36 cimas y 546 metros de altitud. Ambos están conectados por una carretera. La imponente silueta del Uluru es visible desde cien kilómetros de distancia. Esta zona es considerada inhóspita, ya que es muy seco, hay escasa vegetación que procure sombra y temperaturas que pueden superar los 46° C.

    Su nombre ha cambiado tanto como sus colores. Para los aborígenes siempre fue Uluru, pero en 1873 William Gosse lo rebautizó como Ayers Rock en honor al entonces primer ministro de Australia Meridional. A finales del siglo pasado, en la normalización de relaciones con los anangu se reinstauró la denominación Uluru como nombre oficial. Pese a que el principal atractivo del parque es contemplar sus colores cambiantes a lo largo del día, para compensar el obligado madrugón que requiere estar a pie de Uluru antes del primer rayo de sol se suelen explorar también los alrededores, como el manantial de Mutitjulu, las cuevas del Uluru con pinturas rupestres del dios Wandjina, las gargantas de Kantju o la circunvalación de casi 10 kilómetros del contorno del Uluru. Y, ya en Kata Tjuta, las gargantas de Walpa y el Valle de los Vientos, llamado así por las fuertes corrientes de aire que se enroscan entre las cabezas de Las Olgas.

    La magia del Monte Uluru son los diferentes tonos que adopta a lo largo del día debido a la acción de la atmósfera sobre los rayos de sol. El polvo en suspensión, la contaminación y el vapor de agua presente en las capas más bajas de nuestra atmósfera actúan como un filtro, limitando las longitudes de onda cercanas al azul y acentuando las de los campos rojizos. Con las primeras luces del día es un enorme monolito ocre que emerge majestuoso sobre una planicie oscura. Al atardecer llega la imagen más esperada: el Uluru teñido de un rojo brillante. La luz tamizada en días nublados provoca también efectos sorprendentes.

    Subir hasta la cima del Uluru no está prohibido, pero al tratarse de una montaña sagrada se entiende como una profanación. En señal de respeto a sus costumbres ancestrales, los anangu piden a los visitantes que se abstengan de pisarla. Otras voces lo exigen para evitar su erosión.

    En cuanto a la hotelería uno espera que los hoteles sean tan agrestes como el terreno, pero en sus inmediaciones hay alojamientos para todo tipo de gustos y presupuestos. Se concentran en el Ayers Rock Resort en Yulara, una especie de poblado artificial formado por varios hoteles, algunos con un diseño casi fuera de lugar.

    El Parque Marino de la Gran Barrera de Coral se considera el lugar con mayor biodiversidad del planeta.

    La barrera se extiende a lo largo de 2.600 kilómetros, frente al estado de Queensland, en paralelo a la costa noreste de la gran isla-continente. Es decir, una distancia similar a la que separa Madrid de Budapest. De hecho, muchos la consideran el ser vivo más grande del planeta, con una extensión de casi 35 millones de hectáreas, en la que se pueden encontrar hasta 70 hábitats diferentes. Aunque, para hacer honor a la verdad, no se trata de un solo arrecife sino de más de 2.900, a veces tan próximos entre sí que es lógico englobarlos dentro de una sola unidad. Y, en realidad, tampoco se trata de una sola línea de barreras sino de tres.

    Más allá de la impresión que produce su inmensa extensión, por lo que realmente es valorada la Gran Barrera de Coral es por ser el hábitat de más de 1.800 especies de peces, incluidas 150 de tiburones, unas 5.000 de moluscos y más de 400 de corales diferentes. Su riqueza atrae a treinta tipos de cetáceos, como la ballena jorobada, la ballena minke-enana, numerosos delfines y dugongos, y más de 200 especies de aves, entre las que destacan el águila de mar de vientre blanco o el charrán rosado. Además, hay que mencionar numerosos tipos de anfibios y reptiles, con rarezas como los cocodrilos de agua salada, que habitan en las zonas de manglares, y las tortugas marinas.

    Buena parte de la singularidad medioambiental de este entorno está protegido gracias al llamado Parque Marino de la Gran Barrera de Coral, incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 1981. Protección que impone unas medidas que, por ejemplo, prohíben anclar los barcos de recreo y desembarcar sobre los corales.

    La Gran Barrera es el destino soñado por submarinistas y oceanógrafos, que vienen desde todo el planeta para admirar y estudiar tan prodigiosa estructura natural. La principal consecuencia es que buena parte de la costa de Queensland ha sido transformada y edificada para ofrecer a los visitantes infraestructuras turísticas, entre las que se incluyen empresas de barcos y actividades acuáticas, además de hoteles, restaurantes, tiendas y otro tipo de atracciones. La mayor parte de los visitantes suelen concentrarse en torno a las ciudades de Cairns, Pourt Douglas y Townsville. Pero la mejor manera de disfrutar de las maravillas naturales de la Gran Barrera es hacerlo en alguna de las islas-resort distribuidas por cualquiera de las tres líneas coralinas.

    POLINESIA FRANCESA

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    El conjunto de islas que forman la Polinesia Francesa, está situado en el Pacífico Sur, a 4.000  Km. de Nueva Zelanda. Comprende unas 130 islas agrupadas en 5 archipiélagos: La Sociedad, donde se encuentra Tahití, Marquesas, Tuamotu, Gambier y Australes. Tahití, con una superficie de 1.000 Km2, es la más importante.

    Todas estas islas son de origen ya volcánico, ya coralino, y la mayor parte están circundadas por arrecifes, barreras que encierran lagunas interiores de magníficas tonalidades turquesa.

    La vegetación en las islas es tropical, árboles de mango, papayas, pomelos, aguacates, piña, naranjos, cocoteros, bananeros, taro y ñame. Las flores típicas de Tahití son las Tiares y las Gardenias.

    El archipiélago de las Sociedad, de Tahití a Bora Bora, ha sido descrito en crónicas, novelas, películas y canciones como el auténtico paraíso. Tahití, una exótica isla volcánica de 2241 metros de altitud excitó la imaginación de la Europa del XVIII cuando los exploradores Wallis, Bouganville y Cook llevaron noticias de un pueblo no contaminado por la enfermedad o la civilización. El excelente clima, la desinhibida sexualidad de sus mujeres y la abundancia de comida convirtieron a Tahití en el verdadero epítome de la isla del Amor.

    Papeete, la ciudad de entrada a Tahití, es una encantadora ciudad de provincias francesa con reminiscencias de Córcega o la Costa Azul. Hay muchas tiendas, excelentes restaurantes y la posibilidad de recorrer toda la isla en una excursión de un día. La vecina isla de Moorea nos atrae con sus playas de arena blanca, sus exuberantes paisajes y sus hoteles de lujo. Al noroeste, justo donde termina el horizonte, está la fabulosa Bora Bora, la isla más bella del Pacífico Sur. Aquí encontraréis vertiginosos picos que parecen tocar el cielo rodeando una laguna verdeazulada y mezclada con algunas playas de esas que aparecen en los folletos turísticos.

    Tahití, Moorea y Bora Bora están bien conectadas tanto por mar como por aire. Hay vuelos entre las islas prácticamente cada hora. Por toda la costa encontraréis resorts de diseño. La cocina es soberbia, una imbatible mezcla de tubérculos polinesios y marisco fresco preparados al estilo francés. Numerosas tiendas por toda la isla exhiben las brillantes perlas negras de la Polinesia cultivadas en granjas de las Tuamotu. Bucear en los magníficos arrecifes que bordean las islas se ofrece casi en todas partes.

    No obstante el paraíso tiene su precio. Los hoteles internacionales y los restaurantes de moda no son baratos. Pero para el viajero que no tenga un presupuesto muy holgado también hay aspectos positivos. Puedes dormir en pequeñas pensiones para reducir gastos, no hay que dar propinas ni los impuestos son elevados. En todos los supermercados puedes encontrar buenos vinos franceses y viandas para montar un estupendo picnic y el irresistible entorno y las atracciones culturales son gratis.

    El francés y el tahitiano son los idiomas oficiales y el inglés lo habla casi todo el mundo. En los hoteles casi siempre hay alguien que entiende el español.

    Principales destinos

    Los atolones menores de Manihi y Fakarava, Reserva de la Biosfera, son las joyas de Tuamotu.

    Ningún otro rincón del planeta enciende la imaginación como lo hace este lujuriante jardín que Francia conserva en el reverso del globo. Esta porción de la Polinesia está formada por 35 islas y 83 atolones arracimados en cinco archipiélagos que se dispersan por el Pacífico Sur a lo largo y ancho de una inmensidad acuática en la que podría caber casi toda Europa. Al de la Sociedad, el más famoso y visitado, pertenecen islas de nombres tan seductores como Tahití o Bora Bora, todas con encrespadas lomas volcánicas a reventar de vegetación tropical. El de las Tuamotu, que significa literalmente “muchas islas”, es el más radicalmente opuesto a los otros cuatro archipiélagos. Suma 78 atolones, es decir, volcanes hundidos hace muchos millones de años por cuyos flancos fue creciendo el coral hasta formar estas coronas de arena blanquísima que, lisas como un plato, se desparraman a lo largo de un arco de 1.500 kilómetros a caballo entre el archipiélago de la Sociedad y el de las Marquesas. Sus hechuras, casi siempre redondeadas, tienen su explicación en la forma del antiguo cráter sumergido, ocupado ahora en cada isla por una resplandeciente laguna que se diría un verdadero acuario natural.

    La isla suma solo dos aldeas, arrimadas cada una a los canales de Avatoru y Tiputa, por los que las aguas de la laguna se comunican con mar abierto. Entre ambas, bajo esbeltas palmeras y un barullo de vegetación más rala a recorrer preferiblemente en bici, no se abre paso más que un minúsculo entramado de caminos de arena. Entre las mejores, la que culmina en la espectacular playa salvaje de Les Sables Roses, la que pone rumbo a la Lagon Bleu en la que se filmara en los años 80 la almibarada película de Brooke Shields El Lago Azul, o L’Ìle aux Récifs, donde la erosión ha creado una empalizada de arrecifes cortantes como cuchillas que hacen las veces de piscinas naturales. En todas estas escapadas se reservará siempre un momento para hacer esnórquel sobre los arrecifes y hasta alimentar a las mantas raya y los distintos tipos de tiburón que campan por sus aguas e incluso para nadar en su, aseguran, inofensiva compañía.

    Incluso en esta, digamos, isla mayor de Rangiroa, el saberse en uno de los rincones más recónditos del Pacífico invita a jugar por unos días a sentirse como el más afortunado de los náufragos. Y la sensación se acentúa más, si cabe, en los pocos atolones menores que cuentan con servicios mínimos para el turismo, pero que son absolutamente recomendables: Fakarava –el segundo en tamaño, con una superficie de 380 kilómetros cuadrados y una laguna de más de mil–, declarado Reserva de la Biosfera junto a un puñado de islas vecinas por la enorme biodiversidad y la pureza de sus aguas; Manihi, la isla famosa por sus granjas de perlas negras y su igualmente fabulosa laguna, que además pertenece al área cultural de Vahitu, y la todavía más diminuta Tikehau, junto a cuyo único paso, el de Tuheiva, es posible admirar la danza de las mantas raya y los tiburones grises o de aleta negra que se concentran por él.

    Las islas Fiji son en realidad un archipiélago constituido por más de 300 islas pequeñas, en las que encontramos lagos cristalinos (debido a la formación volcánica de las islas) y aguas turquesas en sus paradisíacas playas del mar.

    Papúa – Nueva Guinea, isla que sirve como referencia geográfica para delimitar uno de los extremos del triángulo que es Oceanía, es un lugar casi inexplorado. En los últimos años diversas expediciones científicas fueron descubriendo nuevas especies de flora y fauna en la isla, que ha recibido el apodo de “Mundo Perdido”. Montañas heladas, clima subtropical en las playas y tribus ancestrales son el escenario natural que nos presenta Papúa – Nueva Guinea, aunque su inestabilidad institucional, hace que con regularidad sea catalogada como destino poco recomendable para el turismo.